¿Es la depresión uno de los trastornos más comunes hoy en día?

¿Tiene fácil tratamiento? ¿Podemos prevenirla?

¿Qué síntomas pueden alertarnos de que un familiar, conocido, o bien nosotros mismos podemos estar padeciéndola?

¿Tiene un componente genético; o por lo contrario es circunstancial?

Vamos a tratar de responder estas preguntas que probablemente nos hemos planteado en alguna ocasión.

Según un reciente estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) la depresión es una de las principales enfermedades de este siglo;

ocasionando bajas laborales, discapacidad y graves problemas sociales y familiares. Según datos la OMS en 2030 se convertirá en la primera causa. En España está entre las primeras patologías de origen mental a tratar en atención primaria. Afecta al 4 – 5% de la población, y en una proporción de casi el doble es mayor en mujeres que en hombres. Se cree que más de un 30% de la población la padece sin estar diagnosticada.1 – 2

Prestando atención a la actualidad, podemos observar que con esta larga crisis económica financiera, el alto porcentaje de desempleo, la cantidad de familias con una gran necesidad económica, los jóvenes sin esperanza de futuro y progreso, el incremento de la edad media de la población, sumado al alto grado de estrés, los conflictos sociales y el aumento de consumo de sustancias tóxicas y fármacos podemos entender el porqué la depresión está tan vigente en nuestros días. 3

¿Utilizamos gradualmente el término de depresión? ¿Podemos confundirlo con el duelo?

No obstante, puede suceder que se utilice este término a gran escala y que socialmente se haga un mal uso de éste; por ejemplo: ¿Cuántas veces han oído decir a alguien que su amigo, marido, tiene depresión? ¿O bien que tras la muerte de su esposo ha entrado en depresión? En ciertas ocasiones se debe ser más minucioso y no utilizar este concepto a la ligera; pues cabe la posibilidad que esa persona simplemente esté triste, que alguna circunstancia le haya hecho cambiar su estado de ánimo, o que simplemente esté en el proceso de duelo por la muerte de un ser querido, un tema tan tabú como aún lo es en nuestra cultura.

Con esto, se refiere que para padecer este trastorno han de presentarse diversos síntomas y no solamente estar triste, sociabilizarse poco y no tener ganas de hacer nada. Algunos de los criterios comunes tanto del DSM V (Manual Diagnóstico y Estadístico), como del CIE-10 (Clasificación Internacional de Enfermedades) son: estado de ánimo triste, anhedonia, que es la incapacidad de tener interés y placer por las cosas, disminución o aumento de apetito, insomnio o hipersomnia, fatiga o falta de vitalidad, sentimientos de culpa, disminución de la concentración, todos ellos han de suceder durante la mayor parte del día; entre muchas otras que no se mencionarán aquí puesto que hay una larga lista de síntomas en base al tipo de depresión que se trate (mayor, distimia…). Donde quiero llegar es que hablamos de un trastorno complejo, que no afecta únicamente a nivel afectivo, sino que también presenta síntomas psíquicos y somáticos; por ello afecta de una forma global a la persona.

Así pues, para obtener un tratamiento eficaz, se deberá tratar la persona como un conjunto, con todas sus partes: la mental, la orgánica y la emocional.

¿Cómo podemos tratar este trastorno?

Se puede acudir tanto a la medicación como a la psicoterapia. Usualmente, cuando se trata de una depresión grave o moderada se opta por el consumo de fármacos, en cambio si es leve, no se recurre a ellos por su estrecho perfil beneficio-riesgo.

Psicoterapéuticamente, las técnicas más utilizadas son la terapia cognitivo-conductual y la interpersonal; aunque no debemos descartar otro tipos de corrientes psicoterapéuticas como la terapia Gestalt, la psicoanalítica, etc. que aunque sean más lentas o más rápidas que las anteriores, pueden tener una mayor o menor eficacia, hay que tener en cuenta que cada individiuo es diferente, tiene una personalidad y carácter diferente y por ello le beneficiará más un tipo de terapia que otro.

La duración de la terapia y el resultado no solo se verán influenciadas por las técnicas y o corrientes utilizadas por el profesional, sino también por las características del paciente, por su grado de compromiso y por el tipo de depresión diagnosticada. Cabe decir, que además de la ayuda que se pueda buscar fuera, es importantísimo que el paciente se involucre a fondo en su mejora.

¿Qué actividades puedo realizar para favorecer este estado?

Para ello se puede realizar diferentes actividades como el ejercicio físico, que ayudará a segregar hormonas tales como las endorfinas, que son las encargadas de regular el sistema nervioso, produciendo una sensación de bienestar y alegría, actuando como analgésicos ya que inhiben el dolor y el estrés, regulan el apetito, retrasan la fatiga, liberan las hormonas sexuales y provocan una sensación de vitalidad; así que sería una buena forma para comenzar a sentirse más alegre y con más vitalidad para poder luchar contra la depresión. También podemos lograr segregar endorfinas con otras actividades como: reír, realizar ejercicios de visualización (recordar momentos en los que uno se ha sentido feliz o visualizando situaciones agradables), con ejercicios de relajación (meditación, yoga…), practicar sexo, tener contacto con la naturaleza, tomar el sol… y, sin olvidar la alimentación: plátanos, piña, pimientos y chocolate son alimentos que facilitarán la segregación de endorfinas. Hay que añadir que son estimulantes, así que cuando se lleva a cabo una liberación de éstas, la persona siente que aún puede más; por lo tanto realizará más actividades, aumentará la confianza, renovará las energías volviendo a un estado de salud óptima. Lo mismo sucede con la serotonina, esta es conocida como la hormona del placer y del humor, la cual inhibe la ira, la agresividad, regula la temperatura corporal, la presión, el humor, la capacidad de descanso, la sexualidad y el apetito; como se ve son características relacionadas con el estado depresivo; esto conlleva a que si se mejoran los niveles de serotonina, se mejora el estado depresivo. Por último, la dopamina es muy importante para tener una buena motivación, estimulación cognitiva, y mejorar así en la atención, la creación de ideas, los pensamientos positivos, el aprendizaje y la resolución de conflictos; así que también es una clave para favorecer el tratamiento de dicho trastorno. 4

De esta manera, prevenir la depresión está en las manos de cada uno. La sociedad occidental está muy encaminada al éxito, el cual comprende tanto la obtención de reconocimiento social como la posesión de bienes materiales. Este punto de vista se aleja de lograr el éxito con un crecimiento personal pleno y el placer de disfrutar de la vida, aprendiendo y creciendo. Este enfoque erróneo puede terminar en depresión o bien en ansiedad. Puesto que querer abarcar el máximo en la vida laboral y profesional implica un exceso de control y rigidez, los cuales impiden fluir y disfrutar de cada momento y etapa.

Acudir a un profesional, nos facilitará herramientas para cambiar nuestros esquemas cognitivos, es decir, nuestra forma de pensar. En ella radica un porcentaje alto de la instauración de la depresión.

   ¿Tiene la depresión una base genética?

Teniendo en cuenta los estudios realizados por Robert Sapolsky (catedrático de neurología y ciencias neurológicas de la universidad de Stamford) la genética, el entorno y nuestro propio cuerpo influyen en nuestro comportamiento. Afirman que el gen 5HDT+ es el que nos predispone a tener depresión, pero también necesitamos más circunstancias para desarrollarla, una de ellas es el contexto. “Los genes no determinan nada, los genes determinan cosas concretas en entornos concretos” dice R.Sapolsky. Así que un gen nos determinará una característica concreta, por ejemplo el color de los ojos, pero no el carácter; un gen explicará la probabilidad y el potencial que una persona tiene a acabar desarrollando cierta enfermedad, trastorno… pero no su destino. Aunque siempre hay excepciones como en el caso del gen de la fenilcetonuria (enfermedad de herencia genética autosómica recesiva). 5

La mente es un factor determinante en la influencia de nuestro cuerpo, por ejemplo: cuando estamos nerviosos permanecemos despiertos, o cuando estamos deprimidos nos bajan las defensas. De la misma forma que el estrés tiene una serie de efectos orgánicos. Desde hace 50 años se acepta la idea de que éste afecta a la presión arterial; pero sólo hace 20 que se sabe que influye negativamente en las neuronas, de manera que puede llegar a matar algunas de ellas del hipocampo (que tienen que ver con la memoria y el aprendizaje). Por este motivo hay cerebros que envejecen antes que otros, pues a causa del estrés crónico se van deteriorando al cabo de los años aumentando así la posibilidad de desencadenar trastornos como por ejemplo el Alzheimer.

Según estudios acerca de la Psicología del Estrés afirman que si no se tiene el control de la situación, aumenta el nivel de estrés, pero que a la vez en un contexto donde no hay control, las máximas leyes de la imprevisibilidad sientan mejor porque te sientes optimista, se percibe como un entorno benévolo; hay tendencia a pensar en que todo saldrá bien y si no esta vez a la próxima. Podemos ejemplificarlo con la adicción y el juego. Únicamente hay un 1% de probabilidad para conseguirlo, pero los expertos se encargan de diseñarlo para que parezca que tengas un 99% o quizás un 51% de conseguirlo. Con este “quizás”, en esta y en muchas otras situaciones es como llegamos a creer que siempre habrá la probabilidad de conseguir lo que queremos. Mantenernos en el “quizás”, es esperar a que llegue la meta, el placer, la recompensa, y como hemos citado más arriba, el placer va relacionado con la Dopamina; una de las hormonas influyentes en la depresión.

Así que si una persona es optimista, mantiene esperanza y va siendo paciente y teniendo constancia para alcanzar en la vida todos sus “quizás”, metas y objetivos, tendrá muchas más posibilidades de alcanzarlas y de tener un equilibrio emocional, físico y psíquico.

Por el contrario, aquella que deje invadirse por pensamientos negativos y falsas creencias que son a la vez limitantes, como por ejemplo: “no soy capaz de hacer esto”, “no sirvo para nada”, etc. acabará por tener una baja autoestima, no tendrá esa esperanza en conseguir los “quizás” y se conformará con cualquier cosa. Esta segunda tendrá más probabilidades de desarrollar una depresión a largo plazo.

El estrés no es solo negativo, también es un mecanismo útil para poder ejecutar recursos de supervivencia; como por ejemplo, los animales cuando se ven amenazados huyen, se camuflan, es decir, utilizan sus mejores armas para defenderse y sobrevivir y en cuanto la amenaza desparece se sacuden eliminando así las tensiones. El ser humano hace lo mismo, ante un problema utiliza las mejores habilidades y herramientas de las que dispone. Cuando éstas no son suficientes, la persona se bloquea en esa situación de estrés, sin desprenderse de la gran energía que tiene en ese momento el cuerpo reprimiendo las emociones y creando así tensión. 6

Otra diferencia que tienen los humanos de los animales en este campo es que ellos para poder asustarse, o verse en peligro han de encontrarse en una situación real, por ejemplo un conejo del ataque de una gacela; sin embargo los humanos tenemos el poder de la imaginación, podemos imaginar una situación que nos cause estrés o una reacción emocional sin que esta sea real. En la depresión esta imaginación podrá causar malas pasadas, puesto que seguramente los pensamientos serán catastróficos, irreales y negativos.

Por lo tanto, tanto el estrés como la depresión tienen una causa común, y es que en ese momento la persona presenta una incapacidad para solventar una amenaza externa o interna respectivamente; esta provoca un trauma emocional que desequilibra nuestro organismo. En el caso del estrés, la persona para afrontar el conflicto comienza a activarse excesivamente e intentar así probablemente camuflar sus miedos e inseguridades y no afrontar la situación de pleno. A diferencia, la persona deprimida, tiende a cerrarse en lo más profundo de su ser, infravalorizándose y desestimándose. Ambas son una forma de descentrarse de sí mismo, de perderse y de desconectarse de la realidad y la relación con los demás.

Finalmente decir que la depresión es un trastorno muy común en la actualidad que puede ser evitado si la persona es consciente del propio organismo, las emociones y los pensamientos erróneos y/o negativos. Aunque se nazca con una probabilidad mayor a padecerla genéticamente, está en las manos de cada uno escoger el contexto y actuar de una forma u otra para evitarla.

 

 

 

Anabel Marín. Octubre 2016

 

Referencias bibliográficas

1. Armega A. La depresión será la causa más común del siglo XXI. Salud y Be. [ Internet] 2015 [citado el 27 mayo 2015] disponible en: http://www.sld.cu/galerias/pdf/sitios/histologia/normas-vancouver-buma-2013-guia-breve.pdf

2. Portalatín B. Radiografía de la depresión en España. Salud Men. [Internet] 2015 [citado 2 junio 2015] Disponible en: http://www.elmundo.es/salud/2015/02/17/54e34b4ce2704ea6698b457b.html

3. Álvaro JL, Garrido A, Schweiger I. Social causes of depression : Reviewing the Attribution Model of Depression. RIS. 2010; 68 (2) 333-344.

4. La depresión. Organización Mundial de la Salud. [Internet] 2012 [citado 5 junio 2015] Disponible en: http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs369/es/

5. Punset E. La imaginación ¿Al poder o a la depresión?[videoInternet]2013.

6. Levine P. Curar el trauma: Descubriendo nuestra capacidad innata para superar experiencias negativas. Barcelona: Ed. Urano; 1999