¿Qué le viene a la cabeza cuando lee la palabra ESTRÉS?

¿Es el estrés una patología? ¿Es siempre contraproducente o puede beneficiarle?

 ¿Considera que está presente en su vida? ¿Y en la sociedad? ¿Cree que ha incrementado el porcentaje de personas que lo sufren, o bien es todo un mito?

 ¿Cree que usted es uno de ellos? ¿Cómo puede saberlo?

El estrés es la respuesta fisiológica que un individuo da frente a una amenaza, o frente situaciones que requieren una exigencia extra. Es un mecanismo normal y adaptativo; el cual

nos ha ayudado a sobrevivir y a evolucionar desde nuestros antecesores. Cuando se utiliza para un fin productivo, para alcanzar una meta, o bien para sobrevivir se trata de un estrés positivo, llamado eustress.  Sin embargo cuando dicha amenaza genera una activación energética excesiva que el individuo no es capaz de gestionar y canalizar adecuadamente y que se va acumulando en el organismo en exceso, hasta sentirse desbordado, impaciente, desconcentrado, con cambios de humor sin detonante alguno,etc. se convierte en un estrés negativo, conocido como distress.

  La pregunta es ¿Por qué algunas personas padecen estrés y otras no? La respuesta está en que todo el mundo lo padece; la única diferencia es la forma que cada uno lo afronta y lo gestiona. La manera en que cada persona lo afronte condicionará que resulte ser adaptativo o negativo. Un ejemplo: si una persona termina su jornada laboral, la cual ha sido estresante, y de camino a casa sigue haciendo llamadas a clientes, proveedores…, va dándole vueltas al  cómo solucionar los conflictos y una vez llega sigue  realizando tareas y adelantando trabajo  sin lograr desconectar durante un tiempo prolongado seguramente acabará padeciendo distress. Ahora piense en otra persona que en cuanto termina su jornada, por pésima o intensa que haya sido, llama a su pareja o a sus amigos para verse, se va al gimnasio o bien se va a dar un paseo; ésta logrará desconectar y al día siguiente rendirá más, retomará la faena con las ideas claras, se encontrará relajado y con más motivación que la anterior, es decir tendrá un estrés positivo.

Cuando se responde ante una situación con estrés se dilatan  las pupilas, la sangre corre hacia los músculos que se van tensando, aumenta la presión sanguínea y dilatando las venas, el estómago y los riñones enlentecen, aumenta la temperatura, se activan las glándulas del sudor aumentando la sudoración, se aceleran las palpitaciones incrementando el nivel de oxígeno, se eleva el nivel de azúcar en sangre y se incrementa también la liberación de cortisol (hormona que se segrega en respuesta al estrés). Hasta aquí el individuo se encontraría en la fase de alarma, es decir, la fase adaptativa en la que el cuerpo reacciona ante una amenaza. En el caso de que el organismo no fuera capaz de volver a su homeostasis (equilibrio), podría originar diferentes alteraciones del sistema nervioso autónomo, endocrino e inmunológico como sería el caso de insomnio, jaquecas, tensión, ansiedad, etc.  

Socialmente el término “estrés” es usado a la ligera, de la misma forma  que el concepto “depresión” (que explicamos en otro artículo). Pero  ¿Existe alguna diferencia entre  ansiedad y estrés? Muchas personas creen que estos dos conceptos son sinónimos, pero la verdad es que NO; su similitud está en que la respuesta fisiológica del estrés y la ansiedad son semejantes. En ambas ocurren todos los cambios físicos mencionados en el párrafo anterior; pero la diferencia reside en que el estrés es la reacción que tenemos ante un estímulo amenazante y/o estresante; y la ansiedad es el estrés que continúa después de que este estímulo haya desaparecido.

 ¿Cómo puede saber si padece estrés o solo es una situación estresante?

En primer lugar, una situación estresante ha de cumplir unas características tal y como dice Sonia Lupien (Neurocientífica, McGill University –  Montréal). La primera es que ha de ser nueva; la segunda es que ha de ser impredecible; la tercera regla es que uno mismo no pueda controlar la situación y la cuarta y última que ha de presentar una amenaza para el individuo ya sea hacia el propio ego, física, etc.  Si relacionamos esto con la  actualidad y buscamos alguna situación que presente las 4 características, podemos ver que la crisis es una de estas. Debido a la crisis financiera el malestar de la población en general ha incrementado. 1 El sector laboral ha empeorado considerablemente; numerosos estudios corroboran que esto ha sucedido debido a: la inseguridad de permanencia en él, las miserables condiciones laborales que muchas empresas ofrecen, la mala remuneración, el exceso de horas necesarias para poder obtener el mismo salario que unos años atrás, la cantidad de personas excesivamente formadas académicamente para un puesto de trabajo que requiere un nivel de formación más básico, etc. (2)

Y, si a todo esto le añadimos la tensión, la incomodidad, la inseguridad, la autoexigencia, y una posible mala interrelación con el jefe y con los compañeros que acabará desencadenándose a raíz de dicha situación, acabará por aparecer un estrés crónico. Además, este factor solo es una punta del iceberg;  hay que añadir que cada vez más el ritmo de vida es más acelerado,  el continuo bombardeo por los medios de comunicación con noticias negativas (las cuales cumplen las cuatro características), la auto exigencia  a la hora de ser realizado si se destaca profesionalmente, las nuevas tecnologías y la adicción que conllevan…. Son factores estresantes que nuestro cerebro recibe  diariamente y muchas veces no son bien gestionados.

El estrés el algo que podemos controlar y que nos puede resultar muy beneficioso e incluso placentero. Solamente ha de tomar conciencia antes de que se exceda. Conocer estas cuatros características ayuda a poder detectar la situación estresante, tomar conciencia de ella y afrontarla mejor.

En segundo lugar, no solo se puede detectar si la situación es o no estresante, sino que también se puede observar tres fases por las que  pasa el organismo si lo padece.:

  • En la primera aparecen problemas con la digestión provocando un dolor abdominal (como muchas veces se quejan los niños cuando han de ir al colegio, a natación…).
  • En la segunda, el cerebro necesita algo más, glucosa por ejemplo, y se comienza a comer más chocolate, a fumar más o a beber alcohol.
  • Y en la tercera, aparecen pérdidas de memoria, cambios en la personalidad, cambios de humor, sensación de estar “quemado”, desbordado, etc.  (1)

No obstante, hay que tener en cuenta que los niños y las personas mayores también pueden padecerlo. Los primeros ya que tienen un cerebro más vulnerable, y los segundos puesto que poco a poco van deteriorándolo a causa del proceso de envejecimiento.

Así que el estrés no solo viene inducido por la falta de tiempo, sino por cómo se afronta la situación estresante, así que aunque  no se tenga una jornada laboral a la que acudir, como en el caso de estos dos colectivos nombrados anteriormente, también se pueden presentar síntomas. Por ejemplo, situaciones como la muerte de un conyugue, una separación, un nuevo trabajo, un despido, un cambio de piso… son situaciones nuevas, que no podemos controlar ni predecir y las cuales nos amenazan personalmente, así que son consideradas estresantes; la diferencia es que a unas personas les provocará un estrés mayor o menor que a otras.

En definitiva, el estrés puede ser nuestro aliado o nuestro enemigo. Todo dependerá de cómo se afronte y se gestione. Tanto el exceso de estrés crónico como el exceso de estrés agudo no aportarán nada saludable a nuestra salud.

El agudo es necesario para mantener la memoria; aunque parezca contradictorio puesto que el crónico la deteriora. El hecho de tener un nivel bajo de estrés nos ayuda a poner más énfasis, motivación, atención, esfuerzo en la tarea o situación que vivimos; cosa que ayudará a trabajar nuestra memoria; pero un exceso la saturará. Si estamos a punto de finalizar una tarea, o un corredor de Moto GP de llegar a la meta, tendremos una subida de energía, de adrenalina y noradrenalina en ese momento, esto gusta y es placentero; así que querremos repetirlo más veces, pero cuidado porque en exceso será contraproducente puesto que podrá provocar una adicción llegando a ocasionar un estrés crónico.

 Por último, decir que relajarse, dejar que le hagan un masaje, reír, practicar sexo entre muchas otras varias actividades serán productivas para bajar el nivel de estrés produciendo más occitocina (hormona producida en situaciones de calma, relajadas y placenteras).

 

 

Referencias bibliográficas

1.      Punset E. La receta para el estrés. [vídeo internet] 2011

2.       S.E. El estrés laboral se dispara con la crisis. ABC. [Internet] 2015 [citado el 25 julio 2015] disponible en:

http://www.abc.es/economia/20150313/abci-estres-trabajadores-crisis-201503121805.html

 

 

 

Anabel Marín. Junio 2015